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Murcia en alerta máxima: su costa sufre el mayor riesgo climático de España, conoce por qué la situación es insostenible

  1. Riesgo climático en el litoral de Murcia
  2. Impactos sobre el Mar Menor y su ecosistema
  3. Efectos del urbanismo desmedido y degradación costera
  4. Demandas urgentes de Greenpeace para la Región de Murcia

Riesgo climático en el litoral de Murcia

La costa murciana se posiciona como la más expuesta al cambio climático dentro del litoral español, según el último informe de Greenpeace. La conjunción de factores como el bloqueo en el aporte de sedimentos hacia las playas, la ubicación geográfica afectada frecuentemente por las DANAs, la degradación crítica del ecosistema del Mar Menor y la rigidez estructural de La Manga, convierten esta zona en la más vulnerable del territorio nacional.

Este análisis identifica diez puntos esenciales donde la degradación costera avanza sin pausa. La región enfrenta una pérdida sostenida de servicios ecosistémicos y defensas naturales, lo que se traduce en una elevada fragilidad frente a los fenómenos climáticos extremos. Las intensas borrascas de invierno ocasionaron un desembolso de 4,8 millones de euros destinados a reparaciones artificiales en la franja litoral. Sin cambios significativos en la gestión, centrada en soluciones basadas en la naturaleza y la retirada planificada de urbanizaciones en riesgo, las pérdidas económicas serán de gran magnitud.

Impactos sobre el Mar Menor y su ecosistema

El informe anual Destrucción a Toda Costa 2026, presentado por Greenpeace el 23 de julio de 2026, pone especial énfasis en la crisis del Mar Menor. Este ecosistema, único en España, enfrenta episodios reiterados de hipoxia debido al aumento de temperatura en sus aguas y la llegada masiva de nutrientes provenientes de la agricultura intensiva en el Campo de Cartagena. Las olas de calor marinas han causado una reducción alarmante en las praderas marinas autóctonas, vitales para la reproducción de especies comerciales, acelerando la erosión de la biodiversidad.

El mantenimiento de infraestructuras rígidas y artificiales en La Manga actúa como una barrera que impide que los arenales funcionen como defesas naturales ante los temporales. Esto convierte cada episodio de fuertes lluvias y oleajes en una amenaza grave para las infraestructuras turísticas y residenciales situadas en primera línea de costa, acentuando la vulnerabilidad económica y ambiental.

Efectos del urbanismo desmedido y degradación costera

Además del impacto sobre el Mar Menor, la costa abierta de Murcia muestra una extensa pérdida de playas y un volumen creciente de erosión. La construcción de espigones, diques y puertos deportivos ha alterado de forma crítica la dinámica natural de transporte de arena, especialmente en localidades como Mazarrón y Águilas, resultando en un retroceso crónico de sus playas. La destrucción de sistemas dunares para construir paseos marítimos rígidos o urbanizar ha dejado al litoral murciano sin su defensa natural.

Los intentos de reforzar las playas con aportaciones artificiales de arena, financiadas con fondos públicos, son insuficientes y no tienen una durabilidad adecuada frente a la fuerza del mar. Paralelamente, la contaminación por plásticos y otros vertidos sigue degradando la calidad de las aguas en las principales bahías. Las infraestructuras de saneamiento municipales resultan incapaces de soportar las lluvias torrenciales, provocando vertidos masivos que dañan ecosistemas sensibles como las praderas de posidonia, esenciales para la retención natural de arena en las playas.

Demandas urgentes de Greenpeace para la Región de Murcia

Ante estas circunstancias, Greenpeace reclama un cambio radical en la gestión del litoral. Entre sus demandas figura la restauración y recuperación de las defensas naturales como dunas y humedales para mitigar los efectos del aumento del nivel del mar y las inundaciones. Asimismo, exigen la paralización inmediata de cualquier nueva edificación o regularización en el dominio público marítimo-terrestre, con especial atención en La Manga y zonas susceptibles a inundaciones.

Se enfatiza la necesidad de adoptar criterios científicos para planificar la retirada estratégica de viviendas e infraestructuras en áreas expuestas, abandonando la política de reconstrucción constante de paseos marítimos que están condenados a desaparecer. Luis Berraquero, delegado de Greenpeace en la Región de Murcia, destaca que "aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado".

El informe subraya que la gestión adaptativa debe apostar por soluciones naturales que substituyan a espigones y diques, detener la expansión urbanística en zonas vulnerables, y garantizar que los ríos y embalses permitan que la arena llegue naturalmente a las playas. En definitiva, propone diseñar el futuro litoral con un enfoque científico, evitando decisiones políticas cortoplacistas.

Informe completo AQUÍ

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