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Recorte de derechos y juego sucio de la patronal

Recorte de derechos y juego sucio de la patronal

Jordi Margalef – Secretario de Comunicación del Sindicato de Trabajadores (STR)

En los últimos tiempos se están consolidando dos tendencias preocupantes en el diálogo social, una de las claves del estado del bienestar. Por un lado, la cada vez menos disimulada determinación de la patronal de querer recortar los derechos laborales con la excusa de una competitividad mal entendida. Y, por otro, el juego sucio que, con ese propósito, están desplegando algunos portavoces empresariales.

El último episodio lo hemos vivido con las lamentables declaraciones del presidente de la patronal de Castilla-La Mancha sobre las supuestas bajas de los jóvenes con la excusa de que les ha dejado la novia. Ángel Nicolás García, que así se llama el personaje que con estas declaraciones ha conseguido su minuto de gloria, juega sucio porque se aferra a la irrupción de la salud mental como causa de baja laboral —una epidemia silenciada durante décadas por la ignorancia social y que, por tanto, representa un avance para una sociedad supuestamente desarrollada— para sacar pecho a favor del recorte de los derechos laborales. Todo ello con la demagogia como principal aliada.

Este inefable portavoz no dudó en reforzar sus interesados argumentos con su propia experiencia personal: «Te das cuenta de que tenemos una población joven que no es comparable con la nuestra. Sin ánimo de ofender, yo tengo dos hijos en esa edad, pero son unos memos». Desde aquí solo podemos enviar un abrazo a sus hijos, porque no debe de ser fácil escuchar a tu padre utilizarte como argumento en una entrevista para desacreditar a toda una generación. Y, si algún día necesitan asesoramiento sobre derechos laborales o salud mental en el trabajo, estaremos encantados de atenderles.

Al paso que vamos, cualquier día escucharemos a algún portavoz empresarial poner como ejemplo de cultura del esfuerzo a los millones de africanos que, entre los siglos XVII y XIX, cruzaron el Atlántico persiguiendo su particular «sueño americano». Solo olvidarán un pequeño detalle: que lo hicieron encadenados y convertidos en esclavos. Cuando se glorifica el sacrificio sin límites, a menudo se acaba olvidando dónde termina la cultura del esfuerzo y dónde empieza la explotación.

Pero, más allá de casos concretos como este, la estrategia de la patronal empieza a ser muy evidente: aferrarse a una tendencia más o menos consolidada en la que el imaginario colectivo identifica elementos de dominio público para sacar toda la artillería y justificar el recorte de derechos que persiguen desde hace tiempo. La parte (discutible) por el todo. La lógica es muy sencilla: si consiguen que la sociedad acepte que las bajas por salud mental son discutibles, después será mucho más fácil cuestionar cualquier otra conquista laboral. Hoy son los jóvenes. Mañana puede ser cualquier otro colectivo o cualquier otro derecho.

Y aquí conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una empresa funciona con plantillas insuficientes, con cargas de trabajo excesivas y con una presión constante que convierte la disponibilidad permanente en la norma? La respuesta es evidente: aumentan el estrés, el desgaste físico y psicológico y, en consecuencia, también las bajas laborales. Las personas no somos máquinas y, por eso, el descanso, la conciliación, la prevención de los riesgos psicosociales y las bajas médicas no son costes extraordinarios, sino derechos fundamentales que protegen la salud. Reducir este debate a un supuesto abuso o a su impacto económico es ignorar un problema profundamente humano y estructural. Porque detrás de cada baja hay una persona y, cuando olvidamos eso, dejamos de hablar de trabajo para hablar únicamente de números.

Atacar a los jóvenes renta mucho, como se dice ahora. Pero cuando quienes ya no son tan jóvenes lo respaldan, se están disparando en el pie. Porque cuando la patronal se pone a recortar derechos no se detiene en un colectivo concreto; lo hace de forma transversal. En concreto: si los trabajadores no estamos unidos, se empieza cuestionando las bajas de los jóvenes por salud mental y se acaba con un recorte de las pensiones, una gran conquista colectiva que siempre está en el punto de mira de la patronal. Entre otras muchas, claro.

El juego sucio de la patronal no es ninguna casualidad. Ni una reacción a las tendencias sociales. Es una estrategia que viene de lejos y que tiene como objetivo erosionar los derechos de la clase trabajadora. Puede hacerse con demagogia y también con instrumentos supuestamente más objetivos, como los costes empresariales y la competitividad. Pero el objetivo —y la trampa— siempre responden al mismo patrón: maximizar los beneficios y reducir los derechos de los trabajadores. Por eso los sindicatos debemos estar atentos para evitar que nos la cuelen con pronunciamientos tan efectistas como el de este señor, que no duda en caricaturizar a sus propios hijos para desacreditar a toda una generación.

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